Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta lonja de valencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lonja de valencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de abril de 2016

El Consulado de Mar de Valencia




                        Detalle del forjado de madera de la sala dorada del consulado del mar

El Consulado de Mar

     El Consulado de Mar de Valencia, se constituyó por privilegio del rey de la corona de Aragón Pedro III (Pedro I del reino de Valencia), en 1283 y fue el primero creado en la corona de Aragón y en toda la península con características específicas propias e independiente del resto de poderes, sobre temas de la mar.

     Como afirma Robert Sydney Smith en su libro Historia de los Consulados de Mar, “Excepto en unas pocas ocasiones en su etapa de formación, el Consulado fue siempre un tribunal. Originalmente tribunal marítimo. Muy a principios de su evolución el tribunal consular adquirió jurisdicción en materia de litigio comercial distinto del intercambio marítimo”

     Duró con tal nombre hasta el decreto de Nueva Planta de 1707 con la llegada de los Borbones, aunque luego reaparecerá durante el reinado de Carlos III en la segunda mitad del siglo XVIII como "Real junta particular y consulado de comercio".

      Finalmente en el siglo XIX, con la promulgación del código de comercio y finalmente con el decreto de unificación de fueros se eliminó. Definitivamente?.

Como consecuencia de su actividad se creó el “Llibre del Consolat de Mar” un libro que por su prestigio  ha sido hasta el siglo XX utilizado en juicios sobre conflictos relacionados con el mar y su comercio en muchos países y ha sido traducido al alemán, inglés, francés, holandés e italiano.

Su origen es curioso, vamos a verlo:

Veamos un poco de historia:

Recordemos que Jaime I, conquistó Valencia a los musulmanes en 1238 y creó un reino autónomo, el reino de Valencia, inserto en lo que se llama “Corona de Aragón”.


                              Entrada de Jaime I en Valencia. Castillo de Alcañiz (Teruel)

      Su sucesor, su hijo Pedro, nacido por cierto en Valencia, luego rey de la corona de Aragón como Pedro III  el Grande (Pedro I de Valencia), se casó con la princesa Constanza de Sicilia.

     En Sicilia gobernada en esos momentos por los franceses de la dinastía Anjou (angevinos), se produjo una revuelta conocida como las ”Vísperas Sicilianas” en 1282 en la que hubo una gran matanza de franceses. Entonces los sicilianos les ofrecieron a Constanza (por derecho sucesorio) y a Pedro III su corona.


Vísperas Sicilianas, de Francisco Hayez 1846, en la galería de arte moderno en Roma, con la “leyenda” sobre su comienzo.


     Hasta Verdi compuso una ópera sobre el importante acontecimiento, estrenada en 1855

     El Papa de la época Martin IV, que era francés, intervino a favor de los angevinos y excomulgó a Pedro III e incluso le destituyó de la corona aragonesa. Como consecuencia se preparó un ejército francés para invadir la corona de Aragón, que llegó a conquistar Gerona. También el Papa le concedió la corona de Sicilia -nuevamente- al francés Carlos de Anjou. Caramba con el “poder” de los papas....

     Pedro III, metido en resolver estos problemas, que lo hizo, aunque luego la cuestión siciliana con los Anjou duró varios siglos, tuvo que conseguir el apoyo de sus reinos para combatir con los angevinos.

     El tipo de régimen que existía en la corona de Aragón, era del tipo “pactista”, es decir, el rey pide ayuda de cualquier tipo, económica, militar, etc., a sus distintos reinos, y estos para concederla aprovechan para pedir compensaciones al rey.


                                                         Cortes en la corona de Aragón.

     Por cierto, uno de los almirantes de la flota de Pedro III, fue el conocido por su céntrica calle en Valencia, Roger de Lauria, nacido en Lauria en el sur de Italia, vencedor de la flota angevina en Malta en la batalla por Sicilia entre otras victorias sobre los Angevinos.

     Para dar idea del poderío marítimo de la corona de Aragón en aquellos momentos, de Roger de Lauria se dice que dijo:

     “Señor, no solo no pienso que galera u otro bajel intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, ni tampoco galera o leño, sino que no creo que pez alguno intente alzarse sobre el mar si no lleva un escudo con la enseña del rey de Aragón en la cola para mostrar el salvoconducto del rey aragonés”.

     Como decíamos, en aquella época, en la corona de Aragón, si el rey quería algo de sus distintos reinos, en general estos se lo daban pero siempre pedían compensaciones a cambio. Cosas del régimen pactista que se llevaba por aquí.....



Detalle del forjado de madera. Animales fantásticos con busto humano tocando instrumentos musicales.

     El reino de Valencia, creado por Jaime I unos 45 años antes de estos acontecimientos, le pidió a Pedro III, y este le concedió (luego veremos como), la creación de un tribunal autónomo independiente de otras competencias civiles valencianas para resolver de forma lo más breve posible los litigios relacionados con los actos marítimos  y posteriormente también con su comercio, como afirma el historiador castellonense Arcadi Garcia i Sanz.

     Este tribunal creado en el año 1283 al mismo tiempo que tenían lugar las batallas por Sicilia, tuvo al principio su sede en la desaparecida iglesia de santa Tecla que estaba ubicada por el principio de la actual calle del Mar, en la antigua plaza de “La Figuera”, cerca de la catedral. Posteriormente, en el siglo XVI, se trasladó a la actual Lonja, donde se le construyó el edificio para su ubicación.



Plano del padre Tosca de 1704. se ven el Miguelete abajo a la derecha y Sta Catalina arriba a la derecha. La plaza de "La Figuera" está por el centro del plano, al final de la calle curva enfrente de Sta Catalina

     Pedro III, también había pedido ayuda al reino de Aragón por el mismo motivo (Sicilia), y en las cortes reunidas en Zaragoza en octubre de 1283  los aragoneses pedían, entre otras muchas cosas, que se aplicase al reino de Valencia los fueros de Aragón. Pedro III firmó todo lo que le pedían.

     Pero  Pedro III en el Privilegium Magnum firmado en Valencia el 1 de diciembre de 1283, establece, entre otras cosas, la creación para la ciudad de Valencia del Consulado de Mar, al mismo tiempo que confirmó los fueros de Valencia de 1261 y los privilegios otorgados por Jaime I y el mismo. En fin…….

Composición del Consulado

     Se creó con dos cónsules elegidos anualmente cada Navidad entre los prohombres valencianos entendidos en arte  de la mar como jueces de primera instancia. Fue evolucionado en el tiempo, creándose el siguiente año de 1284 un juez para el caso de apelación de la sentencia y órganos consultivos especializados.

     Estos órganos consultivos, que eran dos, estaban formados por prohombres del mar por un lado y por prohombres del comercio por otro, y, curiosamente, si no existía criterio común entre estos dos órganos, era vinculante únicamente la opinión de los prohombres del mar.


                                Detalle del forjado de madera con alfarjes y entrecalles

     A partir de 1334, por un privilegio de Alfonso IV, se prohibió que cualquier otro tribunal o instancia juzgara casos que fuesen competencia del tribunal del Consulado de Mar, por si hubiese alguna duda.

Precedentes:


Parte superior y tipo de escritura cuneiforme de la estela  donde se recogen las cerca de trescientas leyes que constituyen la primera recopilación escrita, conocida, de estas. Siglo XVIII a.C.

     En lo que atañe al trafico de mercancías por agua, hay recogidas en el código de Hammurabi varias leyes, por ejemplo: " Si un marinero causa la pérdida de la carga, debe compensar por ella" o " Si un barco grande choca contra otro pequeño y lo hunde, el dueño del barco grande debe compensar al dueño del pequeño por la nave  y toda la carga perdida"

      Bueno, a lo nuestro:

     En el Mediterráneo existía un gran comercio marítimo y las grandes repúblicas italianas como Pisa, Venecia o Mesina  ya tenían instituciones similares ante los problemas que surgían.

     En la península, por esos años, Barcelona , Tortosa, Gerona .., puertos comerciales con importante movimiento marítimo, ciudades  conquistadas  a los musulmanes con bastante anterioridad a la conquista de Valencia, disponían de experiencia en la resolución de este tipo de conflictos, pero con tribunales sin jurisdicción autónoma independiente. Luego veremos más diferencias con el creado en Valencia.


                                   Detalle del forjado de madera. Animales fantásticos.

     Barcelona y Gerona, fueron conquistadas a los musulmanes a principio del siglo IX por los francos carolingios de Carlomagno y Tortosa fue conquistada en el año 1148, casi 350 años después, por Ramón Berenguer IV, con lo que ya tenían una larga tradición de comercio marítimo en el momento de la conquista de Valencia a los musulmanes en 1238.

     Por cierto, que hasta el tratado de Corbeil de 1258 entre Jaime I y San Luis (Luis IX) de Francia, los herederos de los Carolingios reclamaban la titularidad de los condados catalanes conquistados a los musulmanes por los francos de Carlomagno en el siglo IX.

      En ese tratado se cambiaron las reclamaciones de Jaime I sobre territorios al norte de los Pirineos, por las reclamaciones francas sobre los condados catalanes, parte de la antigua “Marca Hispánica”, conquistados por los carolingios.

     Igualmente existía en Valencia desde su conquista en 1238 tráfico marítimo “cristiano”, pero los conflictos planteados estaban a veces sujetos a distintas competencias entre autoridades como el Batlle, el Justicia o el almirantazgo, con lo que se podía tardar bastante tiempo en resolverse los problemas.

     Para buscar la máxima agilidad en la resolución de los conflictos en este ámbito y evitar que con los retrasos las consecuencias fuesen irreparables, se creó este tribunal, al que Pedro III al concederlo indicó “que lo harán aplicando las costumbres de Barcelona”, con la importante particularidad en Valencia de la independencia jurisdiccional del tribunal del resto de poderes civiles.

     Es decir, en las ciudades con comercio marítimo, había normas y cónsules o tribunales para la resolución de los conflictos relacionados con la mar, pero no tribunales específicos independientes con jurisdicción real  (otorgada por el rey) autónoma en la que no cabían interferencias de otros poderes. El primer tribunal de este tipo fue creado, como hemos dicho, en 1283 en Valencia.


                  Detalle del forjado de madera. Animales fantásticos con busto humano

     Para ver más diferencias con otros tribunales anteriores, en el de Valencia para evitar dilaciones no se admitían abogados (como tales) en los juicios, los jueces eran expertos en la materia del mar, se atenían únicamente a las ordenanzas y disposiciones del consulado y una vez recurrido ante el cónsul de apelación, al que no se podían aportar pruebas nuevas para no alargar el juicio, no había posibilidad de recurso ante ninguna otra instancia (rapidez que recuerda, casi, al tribunal de Las Aguas).

     Posteriormente, basado en la estructura de funcionamiento del tribunal de Valencia, dentro de la corona de Aragón se creó en 1343 en Palma de Mallorca un tribunal , “per modum et formam civitate Valencia usitatos”, actualizando el ya existente. Tribunal creado justo después de la rendición (eran tiempos convulsos) de Mallorca al rey de la corona de Aragón Pedro IV “El Ceremonioso”.

     Más tarde,  en Barcelona se reformó en 1348 también por privilegio del mismo rey Pedro IV para adaptarlo según el modelo Valenciano/Mallorquín.

      Posteriormente se crearon Consulados de Mar en otros lugares de la corona de Aragón, mientras que en la corona de Castilla hasta los reyes Católicos no se crearon, siendo el primero el de Burgos en 1494, que regulaba el comercio de lana con Flandes y la pesca desde los puertos cantábricos entre otras cosas.

     El prestigio de este tribunal y el Llibre del Consolat de Mar fue tan grande, que incluso en el siglo XX, se utilizó para dictar sentencias en lugares como EEUU y Alejandría en 1937. Recientemente, la Generalitat de Catalunya ha abierto en 2008, un “consulado del mar” en Shanghai.

El edificio

     En el actual edificio de la Lonja de Valencia, se pueden contemplar partes claramente diferenciadas, como la sala de contratación, la torre, el jardín y la parte correspondiente al Consulado de Mar, que es la que nos toca hoy.

     Empezado el edificio de la Lonja por Pere Compte y Joan Ivarra en 1483 en estilo gótico, se concluyó ya en estilo renacentista en 1548 con los medallones exteriores que rodean la planta alta del consulado de Mar.

     El tiempo de construcción de la parte del Consulado, casi 50 años, contrasta con la rápida construcción del salón de columnas, torre y capilla en solo 15 años. Esto fue debido sobre todo a la decadencia económica del reino de Valencia y hay, además,  que considerar la revuelta de Las Germanías de principios de los años 1520.


Fachada del Consulado hacia el jardín, donde se ven en los dos medallones centrales a los Reyes Católicos.

El 7/12/1996 conmemorando el 500 aniversario de su construcción, la Lonja fue declarada patrimonio mundial.

     Cuando en 1498 se concluyó la sala de contratación, Pere Compte (Joan Ivarra había fallecido) continuó el edificio en estilo gótico por la parte norte de la capilla, comenzando el pabellón del Consulado de Mar. A su muerte en 1506 continuaron la obra los maestros Joan Corbera y Domingo Urtiaga que en 1548 la finalizó con la colocación de los medallones ya puramente renacentistas en la parte superior externa del último piso del consulado.


Piso superior del Consulado, con los medallones renacentistas. Vicente Luis Simó Santonja los estudió iconográficamente

     Según Simó Santonja, las figuras de los medallones siguen un claro programa iconográfico con personajes históricos y mitológicos, veamos unos ejemplos:

     Los medallones que dan al patio interior, corresponden a Dioses y Reyes, como Mercurio (también dios del comercio) o Proserpina (la del famoso rapto, “origen” de las estaciones) figuras que corresponden al primer y último medallón.

     Mientras que los recayentes a la C/ Cordellats son de personajes contemporáneos (del siglo XVI) como Juana la Loca o El gran capitán -primer y último medallón-. Y los que recaen a la plaza del mercado corresponden a personajes y héroes clásicos y mitológicos como la musa de la poesía Calíope o el griego Menelao (el marido de Helena de Troya) -primer y último medallón-.

     Pere Compte simultaneaba estos trabajos con varias obras y ampliaciones en el palacio de los Borja de Valencia, en la iglesia de Villarreal, en diversos puentes, en las Atarazanas, en el Almudín, en el Estudi General (la Universidad) a la que en 1501 el Papa Alejandro VI (Rodrigo de Borja) autorizaba por una bula, confirmada en 1502 por Fernando el Católico.

     Vuelve Compte a dar impulso a las obras de la Lonja empezando la parte del Consulado y hasta su muerte en 1506 construye el subterráneo, la planta baja donde se reunía el tribunal y el 1º piso o “cámara dorada” que es donde está ahora el fantástico alfarje de madera del siglo XV. Al mismo tiempo consta que en 1503 se estaba trabajando en la escalera de acceso a la 1ª planta por el jardín, la escalera actual.


                                                         Sótano del Consulado

     Faltaba por construir el piso superior del Consulado (actualmente no abierto al público) además de toda la decoración exterior de los medallones, ya en estilo renacentista. Hay que considerar que únicamente en la bóveda del sótano Pere Compte utilizó bóveda de crucería con arista muy rebajadas, y arcos también muy rebajados entre las bóvedas, aunque muy simples. En los techos de las dos plantas superiores colocó madera.

Planta baja


                              Puerta de entrada desde la antigua capilla a la sala del tribunal


Detalle de una curiosa escena en la ménsula de la parte derecha de la puerta de entrada.

     El pavimento actual en damero blanco y negro fue colocado en 1902. En su origen había sido diseñado por Pere Compte alternando mármol blanco con piedra “blava”, tal como lo describió al entregarle el diseño a un mercader pisano para su fabricación. Las estrellas actuales no estaban en el diseño original.

     El techo tiene 13 jácenas de madera con casetones  cuadrados y hexagonales yuxtapuestos entre ellas.


                                                              Casetones del techo

     Al fondo de la sala, en su parte norte, encima de la tarima, hay tres cerámicas “socarrats”, que representan a Jaime I en el centro, a San Vicente Ferrer a la izquierda y al ángel custodio de Valencia a la derecha.


                                                                      Jaime I


                                                                     San Vicente Ferrer


                                                                  Ángel custodio

Sala del artesonado

     Todavía construida por Pere Compte, el gran interés de esta sala, reside en el bellísimo alfarje del techo, alfarje que se construyó en la 1ª mitad del siglo XV y decoró la sala dorada de la antigua Casa de la Ciudad, situada donde actualmente está el jardincillo al lado de la Generalitat.


Forjado de madera (o alfarje) del 1º piso del Consulado, antiguamente en la Casa de la Ciudad

     Debido a su ruinoso estado, se destruyó la Casa de la Ciudad a mediados del siglo XIX perdiéndose una gran cantidad de arte con él. Pero, por suerte, este artesonado fue desmontado aunque desordenadamente y trasladado a las cocheras del palacio arzobispal y a las torres de Serranos. Una vez ordenado, se llevó a esta sala en la Lonja, donde se colocó en 1920.

     Durante estos poco más de sesenta años que estuvo abandonado, la madera del alfarje pasó diversas vicisitudes, desde un intento de venta en 1870, aprobado por la municipalidad de la época y luego abortada, a periodos de olvido, que desde luego no le sentaron nada bien a su estado de conservación, pero por lo menos no se perdió.

     Las dimensiones de este alfarje en origen en la casa de la ciudad, era de unos 16 mts por 6,40 mts de ancho, mientras que las dimensiones de esta sala, son de 18 mts por 7,25 mts aproximadamente, con lo que para su acoplamiento en esta sala se tuvo que suplementar tanto el ancho como el largo.

     En concreto, se añadieron dos jácenas nuevas y dos entrecalles para adecuar el largo, y unas ménsulas y plafones laterales para el ancho tal como figura en la placa a la entrada de esta sala.


                                                               Añadidos laterales

     Las jácenas originales son de madera de conífera, seguramente de pino, al igual que las planchas decoradas en las jácenas, aunque las añadidas en 1920, son de escayola. Igualmente las primeras ménsulas, que parecen de piedra, son también de escayola con pintura que da esa sensación, al igual que los escudos entre ellas.

Techo del 1º piso del Consulado

     La decoración de las jácenas y entrecalles es bastante variada, no contiene, en general, elementos religiosos, ya que en su origen, y ahora también, adornan edificios civiles.

     Los motivos contienen desde elementos musicales, escenas de lucha, algún desnudo, bastantes animales antropomorfos, escudos heráldicos, profetas, etc. lo importante es poderlos contemplar con un poco de detalle.

     Dejamos varios detalles más incluido uno de los añadidos en el siglo XX, a ver si sabemos cuál es???







     Como colofón, en la decoración por el exterior, delante de la iglesia de los santos Juanes, las ventanas están enmarcadas por un alfiz que finaliza en ménsulas curiosas, ponemos una foto de la más conocida.




                                             Figura conocida popularmente como “El Cagaoret”

                                               

     En el piso superior, las ventanas  de tipo conopial que dan a la esquina con la C/ Cordellat, están cegadas desde su construcción, seguramente por motivos estructurales. Este piso  está rematado por parejas de medallones renacentistas







domingo, 1 de marzo de 2015

LAS GERMANÍAS VALENCIANAS

      El conflicto de las Germanías, fundamentalmente un movimiento de carácter antiseñorial que representó en el reino de Valencia un acontecimiento de tal importancia en el paso de la Edad Media a la «modernidad» que los especialistas disienten a la hora de clasificarlo como revuelta o revolución. Estalló y se resolvió en unos pocos años a finales del primer cuarto del siglo XVI.

      La palabra Germanía procede de la forma de llamarse los miembros pertenecientes a una cofradía: germáns (en valenciano hermanos). Era también un termino militar de solidaridad ante un enemigo común.


                                                 Detalle del bellísimo artesonado del siglo XV, del salón de la casa de la Ciudad donde se reunía el Consell. Situado en la actualidad en la Lonja de Valencia

¿Qué fue?

      Las Germanías comenzaron con un enfrentamiento entre los gremios (asociaciones obligatorias de personas con un mismo oficio), parte de los artistas (que era como se denominaban los profesionales liberales como notarios, mercaderes, cirujanos, etc.) y los labradores de la ciudad de Valencia, contra la nobleza que detentaba el poder efectivo en la ciudad a través del Consell  Secret.

       En este Consell los gremios no estaban representados, aunque sí que estaban presentes en otro consejo, el Consell general que era fundamentalmente de carácter consultivo en aquella época.

      Posteriormente el movimiento agermanado se extendió por todo el reino e incluso influyó en gran manera en las Germanías de Mallorca con cuyos dirigentes mantuvieron una comunicación muy fluida. No así con los Comuneros de Castilla aunque coincidiesen en el tiempo

Entorno histórico

       Recordemos los dos grandes acontecimientos de la segunda mitad del siglo XV que incidieron en la crisis económica del XVI en Valencia.

       Por un lado la caída de Constantinopla a manos de los turcos otomanos en 1453 originó una gran inestabilidad en el tráfico comercial del Mediterráneo y por otro lado, el descubrimiento de América en 1492  supuso un desplazamiento hacia el Atlántico de gran parte de la actividad mercantil en detrimento del Mediterráneo


                                                                                                    
   Colón en Guanahaní (San Salvador).   Dióscoro Puebla 1862, Museo del Prado

Causas  

      El conflicto se gestó por la suma de diversos factores de tipo económico, social, político y religioso.

      Nos situamos en la Valencia de principios del siglo XVI inmediatamente después del gran siglo de oro  en términos culturales, económicos y sociales que representó para Valencia el siglo XV. En aquel periodo se generó una sociedad enriquecida por el gran auge del comercio mediterráneo del que Valencia fue protagonista destacada.

      En esos momentos en Valencia se estaban pagando los créditos de tipo censal (especie de deuda hipotecaria o con garantías, con un tipo de interés alrededor del 7/9%), contraídos a finales del siglo XV como consecuencia en parte de la política expansiva llevada a cabo por los Reyes Católicos.

      El pago de estos créditos en esos tiempos de comienzo de decadencia suponía un gran esfuerzo económico y los gremios estaban sufriendo estos problemas. Además no tenían poder efectivo en el gobierno de Valencia para defender sus reivindicaciones, como ya hemos dicho.

      Otro factor que ayudó a la insurrección fue que la administración de justicia por parte de los oficiales reales era muy parcial y  favorecía claramente a la clase nobiliaria, lo que suscitaba continuas quejas. Hay que recordar que Valencia era una ciudad de Realengo, es decir, sujeta directamente a la autoridad del rey. Se enviaron sin mucho éxito embajadas a Carlos I protestando por la parcialidad y las injusticias cometidas en la aplicación de las leyes.

      Debido a la epidemia de peste declarada en 1519, las autoridades, los oficiales reales y la mayoría de los nobles abandonaron la ciudad, lo que contribuyó a acrecentar el caos en la administración de la justicia. En Valencia se quedó fundamentalmente la población perteneciente a los gremios y los labradores.

      Por otro lado el franciscano Francesc Eiximenis publicó en 1399, impreso en 1499, (la imprenta fue "inventada" a mediados del siglo XV), el libro «Regiment de la cosa pública»  que tuvo una grandísima influencia en la Valencia de principios del XVI. Este libro influyó también en la revuelta ya que defendía el origen popular del poder y su base en la ciudad, inspirándose en los modelos de las ciudades-estado italianas es decir, repúblicas con un Príncipe al frente al que el pueblo le "puede" retirar el poder.    


                               Portada del libro de Francesc Eiximenis de 1499. Obsérvense las torres de Serranos con almenas coronadas. En la actualidad son planas, después de una reforma de 1775.

      El imperante carácter milenarista del clero se añadió a los componentes anteriores. Por ejemplo el dominico Lluis de Castelloli en un sermón en 1519 en la catedral, proclamó que la sodomía era uno de los principales motivos por los que Dios enviaba castigos a los valencianos, castigos como la carestía alimentaria de principios de siglo, la riada de 1517, las epidemias de peste de 1508  y de 1519, los ataques de piratas berberiscos a las costas valencianas, etc. 

       En este ambiente a primeros de agosto de 1519, un sodomita perseguido por la multitud, un flequer ( un panadero), se refugió en la catedral que era teóricamente, un refugio inviolable. La multitud irrumpió en el templo y prendió al sodomita (pese a estar absolutamente prohibido) para  castigarlo en la hoguera. Este episodio es conocido como el «Avalot de la Seu».

       El gobernador de Valencia, que estaba en Morvedre (actual Sagunto) huyendo de la peste, volvió a la ciudad para castigar a los responsables. Dictó una Crida (un bando) y  abandonó rápidamente la ciudad para regresar a Sagunto. En la crida se exigía a los gremios su desarme y se les prohibía reunirse,  aumentando el malestar de los gremios que perdían capacidad de defensa ya que se les imposibilitaba defenderse en caso de ataque berberisco.

       Otro factor importante fue el hecho de que Carlos I no hubiese jurado los fueros valencianos, cuando  esa jura era imperativa para reconocerlo como nuevo rey (Fernando el Católico había fallecido en 1516). Este nuevo elemento de inestabilidad, como luego veremos también tuvo importancia en el desencadenamiento armado de la crisis que se estaba gestando.


                      Carlos I en la época de las Germanías. Retrato de Van Orley, Museo del Louvre (París)

        Se suponía que Carlos I, que ya había jurado en Castilla, en  Aragón y en Cataluña, iba a acudir a jurar los fueros a Valencia, pero recibió la noticia de la muerte de su abuelo Maximiliano I, emperador del Sacro imperio Romano Germánico y decidió partir a Aquisgrán para su coronación imperial en su lugar.

     La elección Carlos como emperador, se produjo en la votación de los siete electores en Frankfurt el junio de 1519 sin estar él presente. Tenia que ir protocolariamente a Aquisgrán a jurar en persona, cosa que hizo en octubre de 1520 y para completar el proceso, aunque no fuese imperativo ya desde su abuelo Maximiliano I, fue coronado por el papa Clemente VII en Bolonia en 1530. Si, si, por el mismo papa que "sufrió" el Sacco di Roma en 1527 por las tropas de Carlos.

     Por cierto que Carlos I juró los fueros valencianos en mayo de 1528, camino hacia Monzón donde tenia convocadas cortes.

Los Gremios:

      Los trabajadores manuales y pequeños comerciantes estaban encuadrados en gremios que eran asociaciones obligatorias, como ya hemos indicado, por cada tipo de oficio. Su función era controlar a través de la formación, mediante contratos de aprendizaje, la calidad del acabado final del producto y al mismo tiempo garantizar que existía trabajo para los componentes del gremio así como regular  los precios de los artículos.

      Los  gremios estaban perdiendo su férreo control sobre los artículos fabricados, sobre el circuito de fabricación y sobre los precios de comercialización  a causa de la crisis. Estaba proliferando, propiciado por algunos mercaderes oportunistas, el trabajo libre que escapaba a su control y se traducía en productos de inferior calidad, con el perjuicio consiguiente para la reputación y los precios de los, hasta entonces, muy afamados paños valencianos. Y el descontento de los gremios iba aumentando. 
                                                                                 

Relieve de un oficio gremial en la puerta gótica de la catedral de Valencia encuadrado en un cuadrifolio

      Recordemos que los gremios estaban armados por un permiso del rey Fernando el Católico de 1515  para poder defender Valencia de un eventual ataque de los piratas berberiscos ( existía entonces una numerosa población musulmana que podía colaborar con los piratas). Los labradores distribuidos en cuatro distritos, estaban al cargo de la defensa de la huerta de Valencia.

 Resumiendo, los gremios estaban molestos a causa de la parcialidad de la justicia, padecían una importante crisis económica, tenían competencia desleal, debían pagar censales, estaban armados -en aquella época no habían ejércitos regulares acantonados- y además le concedían gran importancia a tener representantes en el órgano de control político de Valencia, el Consell Secret.

    El pelaire (gremio de cardadores de la lana) Juan Llorens constituyó la «Junta Dels Tretze»en Valencia y posteriormente en las ciudades que se iban sumando al movimiento agermanado para su organización y dirección. Cada gremio nominó un representante (participaban 47 gremios) y se eligieron a trece síndicos de entre ellos.

                                                   

                                                         Escudo del gremio de los Pelaires. Detalle de un cuadro en la iglesia de San Nicolás sufragado por dicho gremio

      El número de componentes (trece) se inspiró en Cristo y los doce apóstoles, revelando su marcado carácter religioso y milenarista (creencia según la cual habría una época de catástrofes y guerras que precederían a la segunda venida de Cristo y el comienzo del milenio de paz con Cristo mismo como rey). Otra muestra de su carácter religioso fue el pago por la junta del rescate para redimir cautivos cristianos en poder musulmán en alguna ocasión.

Desarrollo del conflicto


     Estando todavía Carlos I en Molins de Rey, después de haber convocado Cortes y jurado en Cataluña, los agermanados, entre ellos Juan Llorens y Guillem Sorolla, fueron a su encuentro para pedirle apoyo después de la crida dictada por el gobernador.

      Carlos accedió a ello a cambio de que los agermanados aceptasen la jura de los Fueros del Reino de Valencia por delegación en la persona de Adriano de Utrecht, preceptor real, en esos momentos obispo de Tortosa  y posteriormente Papa con el nombre de Adriano VI.


     Según los Fueros del Reino de Valencia la jura debía ser efectuada por el rey en persona, ya que era el único con competencia para convocar las Cortes que era donde se juraban los fueros. Aun así, los agermanados lo aceptaron a cambio de la autorización de Carlos I a los gremios para conservar las armas y poder seguir reuniéndose.


                                                                     Adriano de Utrecht y Juan Llorens, pintados por José Benlliure en  el siglo XIX

      Esta fue la primera de las varias embajadas enviadas por los valencianos, bien por los agermanados bien por la nobleza, de forma alternativa, para pedir apoyo a Carlos I. El monarca no dudaba en jugar a dos bandas, revocando continuamente sus decisiones anteriores, lo que incrementaba la confusión y el malestar en Valencia.

    En 1520, Carlos I envía a Valencia a Adriano de Utrecht para jurar los fueros por delegación, un tipo de juramento que no fue aceptado por ninguno de los tres estamentos, el militar, el eclesiástico y el real, que formaban las cortes. El militar fue el que se opuso más firmemente, argumentando que únicamente el rey en persona podía realizar el juramento, como efectivamente prescribían los fueros.

      Ante la oposición de los tres estamentos, Adriano de Utrecht manifiesta que la Germanía sí que le reconoce como representante de Carlos I, organizando los agermanados un desfile militar en su honor, al final del cual Adriano los recibe. Todo esto claro está, con gran disgusto de la nobleza.


Presentación de los dirigentes agermanados a Adriano de Utrecht en el antiguo palacio de los Vilaragut. Cuadro propiedad de la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia.   José Benlliure, 1872

      Entonces Carlos I de camino a Aquisgrán para su coronación como emperador, nombra a un militar, el castellano Diego Hurtado de Mendoza, conde de Mélito (título concedido por Fernando el Católico en 1506 por su destacado comportamiento en la toma de Mélito, ciudad cerca de Nápoles) y segundo hijo del Cardenal Mendoza, como virrey de Valencia. Este cargo  según los fueros tenía que recaer en un valenciano y no es por tanto aceptado de buen grado al haber nacido en la localidad castellana de Manzanares.

     El nuevo virrey, que con la experiencia que había tenido Adriano de Utrecht, traía instrucciones concretas y poderes muy amplios, no tuvo un buen comienzo con los agermanados. Después de entrar en Valencia por las torres de Quart, debía seguir hacia la catedral por la calle Caballeros, sin embargo en la plaza del Tossal los agermanados le "invitaron" a cambiar de recorrido tras haber armado a todos los componentes de los gremios.

      El virrey recorrió la calle Bolseria pasando por delante de la Lonja y plaza del mercado. En este desvío "forzado" encontró desplegados a los distintos batallones de los gremios, armados y con banderas, en un intento de impresionarle militarmente. Prosiguió  luego con su comitiva camino hacia la Catedral por la calle San Vicente.

   Destaquemos que los agermanados habían tratado, sin conseguirlo, que la nobleza rechazase al virrey ya que era extranjero en la España de aquella época (era castellano) y no valenciano en contra de lo establecido por los fueros, pero los nobles prefirieron aceptarlo y sacrificar los fueros momentáneamente en un intento de volver a la normalidad (posición justo al contrario que con Adriano de Utrecht, tanto de unos como de los otros).

       En las elecciones anuales a jurados, representantes del poder real en Valencia, en las que los agermanados querían tener representantes para defender sus reivindicaciones, en que era privilegio del rey hacer la lista de la Ceda, de la cual saldrían los nuevos jurados. El día de la elección, 25 de mayo de 1520  al poco de llegar el nuevo virrey, los agermanados consiguieron nombrar a dos representantes (de un total de seis) tal como querían. Estos representantes no estaban en la Ceda enviada por el rey, por tanto su elección no era legal.


Reunión del Consell en la antigua casa de la Ciudad

Detalle del artesonado de la antigua casa de la Ciudad, en la actualidad en la Lonja de Valencia


      Como era de esperar, Carlos I declaró nula la elección aunque a pesar de ello se mantuvo por un año. No contribuyó este hecho a disminuir las diferencias entre la nobleza y el virrey por un lado y los agermanados por otro.

   Junto al agravamiento de la situación, se empieza a producir una división entre los agermanados es decir, los moderados liderados por Juan Llorens que habiendo puesto todo el interés y esfuerzo en conseguir sus objetivos no querían ir a mayores y los  más radicales, partidarios de llegar hasta las últimas consecuencias para conseguir sus reivindicaciones y que contaban entre sus filas al líder velluter (gremio de la seda) Vicente Peris.

Acrecentamiento de la tensión

      Esta tensa situación se inflama el 30 de mayo de 1520. En esta fecha el virrey trató de ajusticiar de manera irregular a gente del pueblo que ya estaba sentenciada y  provoca disturbios de los agermanados dentro de Valencia para impedirlo, reactivando la unidad del movimiento. El 4 de junio otro gran tumulto provoca la huida del virrey que se refugia momentáneamente en Xátiva. Igualmente la nobleza abandona Valencia.

     Los agermanados, dueños de la ciudad, ocupan todos los cargos municipales y toman medidas como la supresión de impuestos tanto reales como municipales, aunque con el caos consiguiente deben reintroducirlos. Como curiosidad, en las elecciones a juraduría del año siguiente 1521, los seis jurados pertenecen a los agermanados.

    La muerte de Juan Llorens líder moderado de las Germanías, facilitó que el radical Vicente Peris tomase el timón de la revuelta. El movimiento se extendió posteriormente por casi todo el reino, quedando ciudades como Jérica, Onda, Morella, Bocairente y Denia favorables a Carlos I y el resto de grandes ciudades a los agermanados. 

      El virrey llama a la nobleza a «host y cabalgada»  a finales de agosto, en preparación de la guerra abierta que estallaría en el verano de 1521.

      Todavía Carlos I hace un esfuerzo por controlar pacíficamente la situación enviando un negociador con cinco condiciones, pero los agermanados las rechazan

Desenlace


        Las tropas agermanadas mandadas por Vicente Peris, fueron desde Xátiva al encuentro de las tropas del conde de Mélito. Las tropas del virrey y de los nobles leales que habían llegado a Gandía, salieron de esta para enfrentarse a los agermanados el 25 de julio de 1521, día de Santiago apóstol patrón de España, con unos 500 caballos, 4.000 infantes, algunos de ellos manchegos a sueldo, que pensaban más en el botín que en pelear, y artillería. Fueron vencedores los agermanados. 

      Después de la derrota el virrey y muchos nobles, entre ellos Juan de Borja, III  duque de Gandía y padre de San Francisco de Borja, partieron por mar hacia Peñíscola, mientras los agermanados bautizaban a la fuerza a los mudéjares en acequias utilizando ramas para esparcir el agua sobre las cabezas. Los convirtieron en moriscos. Eso es otra historia.

      Han habido intentos a posteriori de ocultar los hechos en algunos lugares para tratar de evitar represalias. Por ejemplo en Burriana el historiador coetáneo con las germanías Rafael de Viciana nacido en Burriana, intentó silenciar el movimiento agermanado en ella.

                                   

                                                               Plano de Burriana según Viciana


      Como consecuencia de una investigación de Vicente García Edo en los archivos municipales de Castellón, se ha podido comprobar que a primeros de julio de 1520, se había constituido en Burriana una junta dels Tretze, jurando el agermanamiento sobre libros sagrados y llevando libro registro de todos sus actos.

      Consta que en junio de 1520 el virrey  desde Xátiva envió carta al Consell municipal de Burriana exhortándolos a seguir fieles a la corona, cosa que aunque el Consell hizo, no fue así en todo el pueblo como hemos visto.

   Curiosamente, coincidió que en esas fechas, ya constituida la germanía, hubo un intento de desembarco berberisco en la costa al sur de Burriana, rechazándolo los agermanados

     Al igual que los agermanados de Castellón y Villarreal, los de Burriana fueron derrotados en Benicassim por el duque de Segorbe el 4 de julio de 1521, acabando con la insurrección en la zona.

     Tras las diversas alternativas militares y la intervención de las tropas imperiales, poco a poco los agermanados son derrotados. Primero volvió Valencia a la obediencia al virrey, donde fue muerto Vicente Peris, el líder radical que había vuelto a la ciudad.  Xátiva y Alzira quedaron como último reducto de ciudades agermanadas. Un enviado de Adriano de Utrecht ahora ya Papa Adriano VI hizo un intento de mediación. 

     El intento no tiene éxito y el conde de Mélito prepara el ataque final.  Xátiva  cae en septiembre y Alzira en diciembre de 1522,  con lo que finaliza definitivamente la guerra.


                                       Paz de las Germanías.  Marcelino Unceta, Siglo XIX,  Diputación provincial de Zaragoza

     Posteriormente, en 1524 mediante una bula del Papa Clemente VII, este liberó a Carlos I de cualquier juramento previo que pudiese haber hecho comprometiéndose a respetar la religión de los todavía mudéjares.

     En 1525 se dictó un decreto de expulsión de los mudéjares que no quisieran bautizarse, que provocó en las tierras del duque de Segorbe la única rebelión mudéjar de importancia sobre el bautismo. Ya era virreina de Valencia Germana de Foix.

     Dicha rebelión empezó en Benaguacil, donde el ejército les venció utilizando artillería en febrero de 1526, huyendo y refugiándose en la sierra de Espadán los más recalcitrantes, animando en su marcha a los musulmanes de los pueblos de Vall de Almonacid, Vall de Uixó, etc., a unirse a la rebelión.

     Los musulmanes rebelados, eligieron rey a un vecino de Algar, que tomó el nombre de Almanzor

     Después de unos seis meses de gran resistencia, saqueo de Xilxes y robo del sagrario incluido, y con la ayuda de tres mil lansquenetes alemanes camino de Italia, en septiembre fue sofocada la rebelión, indultando Carlos I a los que quisieron bautizarse. Ya no habían musulmanes (nominales) en el reino de Valencia


Curiosidades

   Hubo muchos elementos interesantes en este apasionante episodio de la historia valenciana. Uno de ellos fue que después de las primeras victorias Agermanadas al sur de Valencia, los agermanados obligaron al bautismo forzoso de los musulmanes en las zonas de la Ribera y La Safor, algunas veces en el río, salpicándoles el agua del bautismo con ramas, escobas y demás utensilios.

      Hay que tener en cuenta que los musulmanes eran en general agricultores en los señoríos de los nobles y peleaban a favor de estos. Además debido a la mentalidad milenarista de las Germanías, los musulmanes eran parte del problema a erradicar y la lucha contra ellos revestía  la forma de una cruzada religiosa.

     Una vez acabada la guerra tuvo lugar una reunión eclesiástica para decidir la validez de dichos bautizos forzosos, que fueron declarados válidos, no por la voluntad de los bautizados, sino porque el sacramento se consideraba dispensado «correctamente». También se obligó al bautizo del resto de musulmanes del reino.


                         Grabado en madera del bautizo de mudéjares (en el reino de Granada). Entraron mudéjares y salieron moriscos

      Este bautismo tuvo consecuencias colaterales. Los musulmanes o mudéjares no estaban instruidos en el catolicismo, hablaban y vestían de modo diferente de los cristianos, etc., así que le presentaron a Carlos I varias reivindicaciones, como poder mantener sus atuendos, sobre todo los de las mujeres, seguir hablando algarabía (lengua que utilizaban los mudéjares, derivación de Al Arabilla), enterrar a sus muertos alrededor de las mezquitas (aunque estas estuviesen ya consagradas), la dispensa del impedimento de consanguinidad en los matrimonios ya efectuados y en los ya concertados (admitida por el Islam),  mantener a los alfaquíes (sabios de la ley musulmana) con las rentas de las nuevas iglesias, etc.

      Pero sobre todo se produjeron dos grandes consecuencias para los mudéjares: la primera era que hasta ese momento pagaban impuestos mayores que los cristianos «viejos»  entre cuatro y cinco veces más, y ahora al haber sido cristianizados, reclamaban pagar menos.

    Ante esta reclamación, el rey aceptó que siguiesen con sus costumbres, forma de vestir, etc., por un periodo de cuarenta años a cambio de una determinada cantidad de dinero, pero, en referencia a los impuestos, su decisión fue «que se les trate como a cristianos sin perjuicio de parte».


Cuadro hasta ahora considerado de Vicente Masip, atribuido recientemente a su hijo Juan de Juanes, situado en la catedral de Valencia, donde aparece uno de los predicadores para instruir a los moriscos, el Venerable Agnesio, abajo a la izquierda con un libro en la mano.

      La otra gran consecuencia fue que a partir del momento en que fueron cristianos, la Santa Inquisición tenía competencia sobre ellos (anteriormente, al ser infieles, pero no herejes, la Inquisición no los podía procesar). También este punto se resolvió retrasando la actuación de la inquisición mediante la entrega de dinero al rey.

     Otra curiosidad, fue que una vez perdida Valencia y con los agermanados en horas bajas, apareció en Xátiva una figura mítica llamada L'encobert (el milenario emperador de los Últimos Tiempos que precederían a la venida de Cristo), presuntamente hijo del príncipe Juan (segundo hijo de los Reyes Católicos, que murió en 1497 estando casado), o sea, al L'encobert se le consideraba nieto de los RRCC y por lo tanto tendría legitimidad dinástica.

       Se trató de utilizar esta figura para relanzar el movimiento agermanado, pero este estaba ya sentenciado. L'encobert fue asesinado en Burjassot en mayo de 1522. Más tarde, aparecieron más «encoberts»  pero sin más trascendencia.

     Este falsario, realmente se llamaba Antonio Navarro y era un converso andaluz que decía que después de la muerte de su presunto padre, el príncipe Juan, fue llevado a Gibraltar, en fin, mucha imaginación ...... que caló en la época.

    Respecto a la represión posterior a la guerra, la inmediata posterior practicada por el virrey, el conde de Mélito, no fue especialmente dura, ejecutando a unas 35 personas.

      No así la de su sucesora en el cargo, Germana de Foix, que sí que la endureció, contándose por decenas las ejecuciones de antiguos agermanados, se calcula que ejecutó a unas 106 personas.

     Hasta 1528 en que se concedió el perdón general, siguió la represión pero centrada en elementos pecuniarios y tierras.

                                                  
                                                             Germana de Foix, anónimo del siglo XVI


     Germana de Foix, había sido la segunda mujer de Fernando el Católico, y seguramente amante temporal del rey Carlos I, que la nombró para el cargo de virreina.

    Otra consecuencia muy importante fue que al haber tenido que intervenir las tropas imperiales, ya que los agermanados habían derrotado en el sur de Valencia a las tropas nobiliarias, el control por parte de la nobleza de la estructura de poder en Valencia fue  decreciendo y sustituyéndose por el poder de la realeza.